Cómo yo, un exevolucionista, conocí a Jesús como Creador y Salvador


por Toru Yasui (www.creation.com)

traducido por N. Jaruchik

Desde el año 2003, Toru Yasui (M. Ing.) se dedica a tiempo completo a traducir todo tipo de material sobre creación bíblica y a dar charlas sobre este tema. Tiene un máster en ingeniería electrónica del Instituto de Tecnología Shibaura.


Yasui da charlas en iglesias y células unas 40 veces al año; en particular, realiza ponencias en un seminario bajo los auspicios de una de las organizaciones creacionistas de Japón: Bible & Creation, dirigida por el Rev. H. Akae.


Yasui-san (1) ha publicado versiones japonesas de varios recursos de CMI, incluido The Creation Answers Book; Refuting Evolution, Starlight Time and the New Physics, Stones and Bones, y Adam and Family. La mayoría han sido traducidos por él mismo. Actualmente está traduciendo Evolution’s Achilles’ Heels y 15 Reasons to take Genesis as History. También ha creado subtítulos en japonés para DVDs de CMI como From a Frog to a Prince, y Darwin: The Voyage that Shook the World.


Ha presentado y traducido a varios oradores internacionales que han visitado Japón, como los siguientes científicos académicos: los doctores Don Batten, John Hartnett, Andy Macintosh y Werner Gitt.


Tras el devastador terremoto y tsunami de Tohoku en 2011, con la ayuda de amigos en Hong Kong y Japón, Yasui-san creó un folleto y un pack de DVD describiendo el Evangelio a partir de la creación. Alrededor de 50,000 copias de It’s a Wonderful World fueron distribuidas, principalmente a aquellas personas de la región afectadas por el tsunami.


Recientemente, ha desarrollado dos sitios web en japonés con una multitud de recursos sobre creación bíblica. (2)



Solía ​​trabajar como ingeniero electrónico desarrollando hardware para una gran empresa japonesa de electrónica. A mediados de los 80 hubo un gran crecimiento económico en Japón y la competencia era feroz. Trabajaba todos los días, de lunes a sábado, hasta la medianoche. Estaba casado, con dos hijos pequeños (una niña y un niño), pero solo veía a mi familia los domingos.


Esclavizado al trabajo


En la cultura empresarial japonesa no es extraño ver a alguien poner su trabajo por encima de la familia. Mi jefe solía decirme: “Tu carrera depende de cuánto de ti y de tu familia estés dispuesto a sacrificar”. Respetaba a mi jefe en muchos sentidos; pero ciertamente era una persona muy dura.


Un día, me llamaron de la división de recursos humanos: “Señor Yasui, le vamos a reubicar a usted y su familia al extranjero”. Por un tiempo mi partida pareció inminente (con mi familia reuniéndose conmigo unos meses más tarde). Pero para mi alivio, el traslado se retrasó tres años.


Para preparar mi vida en el extranjero, me inscribí en unas clases de inglés impartidas por un misionero estadounidense. Como mi esposa también quería aprender inglés la animé a ir a unas clases impartidas en una iglesia cercana, puesto que sabía que mi profesor también enseñaba allí. Pero después de asistir un año a las clases de inglés de la iglesia, mi esposa me dijo que había decidido seguir a Jesucristo: ¡se había hecho cristiana! Me preguntaba qué cambios podría significar esto para nosotros. Poco tiempo después empecé a pensar que no eran buenas noticias para mí.


Solo en casa


Todos los domingos por la mañana (en realidad, alrededor del mediodía), me despertaba viendo como en mi único día libre mi familia había ido a la iglesia, dejándome solo en casa. A veces iba a recogerlos a la iglesia. Pero, debido a que temía que mi maestra de inglés me viera y me invitara a entrar, siempre detenía el coche a cierta distancia y agachaba la cabeza cada vez que veía a alguien pasar.


Mi esposa tenía una Biblia, y un día, cuando no estaba en casa, la abrí. Por supuesto, comencé desde el principio: Génesis. Me quedé impactado. Decía que todo el universo se formó en solo seis días, que el hombre había sido formado del polvo y la mujer de una de las costillas del hombre. ¿Cómo podían los cristianos creer esto? ¡Deben estar locos!


Estudiando la evolución para minar la Biblia


Pero esto me dio esperanza. Pensé que si estudiaba la evolución lo suficientemente bien como para debatir a las personas en la iglesia y demostrar que la Biblia no es científica, podría recuperar a mi familia. Así pues, estudié evolución alrededor de un año, después de lo cual reuní el coraje suficiente como para ir a hablar con los pastores de la iglesia. “Génesis claramente va en contra de la evolución. ¿Cómo explicas esto?”, les pregunté. Sin embargo, eran misioneros estadounidenses y su comprensión del japonés era algo limitado, así que no pudimos charlar sobre un tema tan complejo. Estaba decepcionado; fue como entrar en el área del bateador sin poder batear. Sin embargo, me dieron un libro para leer. Era un libro popular de los primeros días del movimiento creacionista: Bone of Contention de Sylvia Baker, traducido por Masami Usami. Lo llevé a casa y lo leí.


Toru Yasui con su mujer

Recuerdo estar extremadamente sorprendido porque hablaba sobre el libro del Génesis (que yo solo podía ver como un mito) de una manera científica. Estaba intrigado, pero todavía estaba decidido a encontrarle fallos.


Eventualmente, sin embargo, llegué al punto en que tuve que admitir que la evolución no era tan científica como creía. Tanto es así que me encontré murmurando a mi esposa: “Tal vez la verdad realmente es la creación, y no la evolución”. Mi esposa aprovechó esta oportunidad. “Recuerdo que una vez dijiste que si alguna vez llegabas a creer en la creación por encima de la evolución—dijo— ¡Vendrías a la iglesia conmigo!” Había olvidado que había dicho eso. ¡Lo había dicho solo porque estaba seguro de que nunca rechazaría la evolución!


Una cuestión de autoridad


Cuando empecé a pensar que la creación podía ser cierta me asusté, porque me obligó a darme cuenta de que alguien “ahí fuera” posiblemente me creó. Como un ingeniero que trabajaba en una empresa de fabricación, sabía que cada producto tiene un diseñador. Sabía que el significado y el propósito de cada producto fueron dados a los productos por el diseñador, ¡no fueron los productos mismos los que decidieron cómo se iban a usar! Entonces, si hubo un Creador, ¡eso significaba que el significado y el propósito de mi vida debía recaer en Él, y no en mí! Era una cuestión de autoridad.


Yo ya tenía algunas autoridades importantes en mi vida. Eran mi empresa y mi jefe, porque pasaba la mayor parte del día en el trabajo. Y en casa estaba bajo otra autoridad: mi esposa (¡es una broma!). No necesitaba más autoridades, pensé. Así que cada domingo aparcaba mi coche cada vez más lejos de la iglesia y me reclinaba lo máximo posible para que nadie pudiera verme a través de las ventanas. No me estaba escondiendo de los misioneros; en realidad me estaba escondiendo de Dios el Creador. Ahora, cuando miro hacia atrás, me doy cuenta de que estaba haciendo exactamente lo que hizo Adán después de pecar, cuando su conciencia se despertó a ver la santidad y autoridad de Dios sobre él. (Génesis 3:8)


Finalmente llegó el momento de mudarme al extranjero. Sin embargo, antes de la verdadero traslado, tuve que hacer un viaje de negocios por varios países realizando pruebas para nuestros productos, lo que significaba que tenía realizar muchos vuelos. En aquella época hubieron bastantes secuestros, lo que me preocupó mucho. Al salir de mi casa para ir al aeropuerto mi esposa me dijo: “Sé que aún no has decidido creer en Jesús, pero si tu avión es secuestrado o tiene un accidente, cree en Él antes de que se estrelle”. Como estaba tratando de escapar de Dios, sus palabras me molestaron. Entonces, respondí enfadado: “¡Déjame en paz!” Luego me subí en el autobús.


Pero pronto lamenté lo que había dicho. Si muriera y nunca volviera a ver a mi esposa, esas serían mis últimas palabras. Quería retractarme de lo que había dicho. Cuando llegué al aeropuerto, justo antes de abordar, finalmente decidí llamarla.


“Lamento haberte dicho que me dejaras en paz. Quiero retirar esas palabras”, le dije.


“Ah, ¿quieres decir que quieres creer en Jesús?”, preguntó ella de inmediato.


¡Uy! Me había metido en un agujero. Estuve tentado en decirle que me dejara en paz otra vez, pero luego tendría que disculparme nuevamente. En cambio, entregué de repente mi vida a Dios.


“De acuerdo, creo”, le dije apresuradamente a mi esposa. “Por favor, ora por mí”, y luego me subí al avión. Durante el vuelo, casi llegué al punto de deshacer mi repentina decisión. Pero no lo hice, porque pensé que parecería de carácter débil.


Curiosamente, fue así como empezó mi vida cristiana: una secuencia de batallas con mi propio orgullo. Pero gracias a Dios que nunca retiré esas palabras.


Después de mi viaje de negocios, regresé a Japón y me bauticé; una semana después me fui al Reino Unido. Mi familia y yo pasamos 8 años allí.


Algunos años después de mi rendición a Dios, me di cuenta de que estaba completamente equivocado acerca de la naturaleza de su autoridad, la autoridad que tanto temía. En Juan 10:18, Jesús dice esto acerca de su autoridad:


“Nadie me la quita [la vida], sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.”

Siempre pensé que tenía que sacrificarme por aquellos con autoridad. Pero la autoridad de Jesús fue al revés. Su autoridad fue la que le permitió sacrificarse por mí en mi lugar. El Creador de todo el universo, el que me creó, se sacrificó para salvarme. Ahora vivo en absoluto asombro de esta increíble autoridad. ¡Aleluya!



Referencias y notas

  1. El término san va seguido del nombre o apellido de una persona. Este término honorífico es muy utilizado en Japón y puede ser de mala educación referirse a alguien solo por su nombre. No se traduce fácilmente al inglés [o al español]. Los angloparlantes japoneses a menudo también lo usan cuando conversan en inglés.

  2. gophertree.jp y b-c.jp.