El profeta que entregó a sus compañeros

—por Nehemías Jaruchik


En el año 628 d.C., Muhammad (Mahoma), después de haberse apoderado de Medina, se dirigió hacia la Meca con la intención de realizar los ritos musulmanes, los cuales eran casi idénticos a los rituales celebrados por los paganos de la Meca. Pero este no fue cualquier viaje. Durante mucho tiempo, Muhammad había estado soñando con entrar en la Meca y convertir, ya fuera con la palabra o con la espada, a los paganos de aquella ciudad. Alá le había prometido que entraría en la Meca ese mismo año:


«Dios ha realizado, ciertamente, la visión de su Enviado: “En verdad, qué habéis de entrar en la Mezquita Sagrada, si Dios quiere, en seguridad, con la cabeza afeitada y el pelo corto». (Sura 48:27)

No obstante, de camino a la Meca, Muhammad se encontró con la contingencia pagana liderada por Suhail b. Amr, quienes le prohibieron el paso. El encuentro eventualmente acaba con el tratado de Hudaybiyya. En este pacto Muhammad concede varias cosas a cambio de poner sus pies en la Meca. En primer lugar, el profeta musulman concede cambiar su título honorífico «Muhammad, Mensajero de Alá» a, simplemente, «Muhammad, hijo de Abdullah». En segundo lugar, Muhammad debía entregar a los conversos musulmanes que se habían escapado de la Meca y que estaban con él, tal cómo nos relata este hadiz:


«Entonces Suhail dijo: “También estipulamos que debes devolvernos a quienquiera que venga de nosotros, incluso si abrazó tu religión”. Los musulmanes dijeron: “¡Glorificado sea Alá! ¿Cómo se devolverá a los paganos una persona así después de hacerse musulmán?”» (Sahih al-Bukhari, Volumen 3, Libro 50, Número 891)

A pesar de las quejas de los musulmanes, Muhammad acabó por entregar a sus amigos a la tribu Quraysh de la Meca. Uno de estos era Abu-Jandal. Suhail, el representante de los mecanos, al ver a Abu-Jandal dijo:


«Muhammad, el acuerdo entre nosotros se concluyó antes de que este hombre viniera a verte. Él respondió: “tienes razón”. Comenzó [Suhail] a tirar de él bruscamente por el cuello y a arrastrarlo para devolverlo a Quraysh, mientras Abu Jandal gritaba con todas sus fuerzas: “¿Vo y a ser devuelto a los politeístas para que puedan alejarme de mi religión, oh musulmanes! Y eso desanimó todavía más a la gente.”» (Ibn Ishaq, Sirat Rasullah) [1]

No es de extrañar que estos musulmanes estuvieran desanimados y avergonzados [2]; después de todo, ¿Qué profeta haría tal cosa? ¿Podemos imaginarnos a Jesús, o incluso a Abraham o Moisés, hacer algo así? ¿Es posible, sí quiera, ver a Abraham y Moisés traicionando a su propia gente, o a Jesús entregando sus discípulos a los fariseos para cumplir sus deseos? Al contrario. Más bien, vemos a Abraham luchando contra cuatro reyes para salvar a los suyos. Vemos a Moisés sufriendo para llevar al pueblo de Israel a la tierra prometida. Y en especial, vemos a Jesús dando su vida, no solo por sus discípulos, sino por todo el mundo. Veamos lo que dice Jesús cuando es traicionado por su propio discípulo:


«Judas, pues, tomando una compañía de soldados, y alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue allí con linternas y antorchas, y con armas. Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy. Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba. Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra. Volvió, pues, a preguntarles: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A Jesús nazareno. Respondió Jesús: Os he dicho que yo soy; pues si me buscáis a mí, dejad ir a éstos; para que se cumpliese aquello que había dicho: De los que me diste, no perdí ninguno.» (Juan 18:3-9)

¡Que gran diferencia entre Muhammad y Jesús! Mientras Muhammad entrega sin escrúpulos a sus seguidores, Jesús guarda cómo a polluelos a sus propios discípulos. Además, sabemos que Muhammad acabó por romper el tratado con los mecanos. Jesús, no ha roto ninguna de sus promesas.


Por otro lado, ¿podemos imaginarnos a Jesús cambiando uno de sus títulos para firmar un tratado con los fariseos o con los romanos? Imaginemos el siguiente escenario. Un día vienen los fariseos a Jesús rogándole: «Te pedimos que no digas más que eres el Hijo del Hombre o el Hijo de Dios, no, más bien di que eres Jesús hijo de José. Sí haces así te dejaremos tranquilo a tí y a tus discípulos.» ¿Qué pensáis qué hubiese dicho Jesús? ¿No parece incluso algo ridículo pensar algo así?


Pero aquí no acaba el asunto, pues Muhammad no pudo entrar a la Meca aquel mismo año, sino que tuvo que esperar hasta el próximo. Así, la visión profética de Muhammad no se cumplió.


«En un sueño, el Mensajero de Alá se vio a sí mismo entrando en la Meca y realizando Tawaf alrededor de la Casa. Les contó a sus Compañeros sobre este sueño cuando todavía estaba en Al-Madinah. Cuando fueron a La Meca en el año de Al-Hudaybiyyah, ninguno de ellos dudó que la visión del Profeta se haría realidad ese año. Cuando se llevó a cabo el tratado de paz y tuvieron que regresar a Madina ese año, y se les permitió regresar a La Meca el año siguiente, a algunos de sus compañeros no les gustó lo que sucedió. 'Umar bin Al-Khattab preguntó sobre esto, diciendo: “¿No nos has dicho que iremos a la Casa y realizaremos Tawaf alrededor de ella?”»(Tafsir Ibn Kathir) [3]

Cualquiera puede comprender el disgusto de la promesa incumplida de Muhammad. Tanto es así que el «profeta» tuvo que inventarse una excusa para justificar la fallida profecía. Muhammad les respondió: «Os dije que iríamos a la Caaba este año?» [4] La excusa no cuela. Cómo hemos visto en la cita anterior, los compañeros de Muhammad no dudaron en qué «la visión del Profeta se haría realidad ese año»


Conclusión


Sí es usted musulmán, considera bien lo dicho en este ensayo. ¿Cuál es la verdadera cara de este hombre tan reverenciado por todos los musulmanes? ¿Puede un hombre que traicionó a sus propios compañeros ser un enviado de Dios? ¿Podemos fiarnos de una persona que dice ser profeta cuando las mismas profecías que anuncia no se cumplen? ¿Es fiable un profeta que rompe sus mismos pactos? Si empezáis a tener alguna duda sobre Muhammad, bien hacéis. Os recomiendo que busquéis a aquel quién nunca os traicionará ni dejará (sí creéis en él cómo único y suficiente salvador), a Jesús de Nazaret.



  1. Sirat Rasullah (La vida de Muhammad, traducido por Alfred Guillaume, Oxford University Press), p. 505.

  2. «Umar bin al-Khattab dijo: “Fui al Profeta y le dije: ‘¿No eres realmente el mensajero de Allah?’” El Profeta dijo: “Sí, ciertamente”. Dije: “¿No es nuestra causa justa y la causa del enemigo injusta?” El dijo que sí. Dije: “Entonces, ¿por qué debemos ser humildes en nuestra religión?” Él dijo: “Soy el mensajero de Allah y no lo desobedezco, y Él me hará victorioso”». (Sahih al-Bukhari, Volumen 3, Libro 50, Número 891)

  3. Tafsir Ibn Kathir. Volumen 9, p. 171. Surat Al-Jathiyah hasta el final de Surat Al-Munafiqun. Resumido por un grupo de eruditos bajo la supervisión de Shaykh Safiur-Rahman Al-Mubarakpuri [Darussalam Publishers & Distributors]

  4. Sahih al-Bukhari, Volumen 3, Libro 50, Número 891


Fuente: https://www.answering-islam.org/Shamoun/false_prophecies.htm