"Están cayendo como moscas", dice un enfermero y pastor


Mueren catorce personas de una residencia de ancianos después de ser inyectados con la vacuna de Pfizer.


por Nehemías Jaruchik

Health Impact News


James, un auxiliar de enfermería y pastor, después de ver morir a más de una docena de ancianos en la residencia donde trabaja, no pudo permanecer más en silencio.


“El mayor problema que tenemos es que muchos de nosotros guardamos silencio sobre un tema del que debería hablarse, que debería salir a la luz”, nos dice emocionado.

James informa que en 2020 tan sólo cinco personas de la residencia de ancianos donde trabaja se enfermó del COVID y ninguno murió. Sin embargo, el 22 de diciembre del 2020 se empezaron a administrar las inyecciones de ARNm de Pfizer. Aproximadamente, dos semanas después, catorce de los residentes perdieron la vida; mientras, otros siguen luchando por ella.


“Veo este patrón… hasta el punto de que aquellos que una vez caminaban, ahora ya no caminan; personas que hablaban, ya no pueden hablar... personas que podían pensar, ya no pueden pensar correctamente."


Lo más sorprendente de todo es que ninguna de las personas que se negó a ponerse la vacuna se ha enfermado. No obstante, las otras "están cayendo como moscas", nos cuenta James.


Pero según los responsables del centro todo esto se debe a un superspreader (supercontagiador), una persona infectada con capacidad de contagiar rápidamente a una multitud. “No soy la persona más lista del mundo, pero tampoco soy la más tonta”, nos dice el auxiliar de geriatria asombrado por la respuesta de los encargados. Por supuesto, uno se pregunta: ¿por qué murieron tantas personas que estaban, supuestamente, inmunizadas contra el virus? O bien la vacuna no sirve de nada, o fue la misma la que causó la muerte de los residentes. Las dos opciones son preocupantes.


Escuche el testimonio completo aquí


El caso de este joven pastor no es el único; cada día, alrededor del mundo, están saliendo más casos como éste. Por ejemplo, en Noruega 23 ancianos murieron después de recibir la vacuna. En Nueva York, 24 ancianos perdieron la vida pocos días después de administrarles una vacuna experimental. Y sin ir más lejos, en España siete personas fallecieron en una residencia de ancianos después de haber recibido la primera dosis de la vacuna Pfizer. Por otro lado, en Gibraltar, 53 personas murieron después de ser inyectados con la misma vacuna.


“Se dice que lleva por lo menos diez años para desarrollar una vacuna. Ha pasado apenas un año y ya tenemos una vacuna. ¿Estáis locos! Y queréis convencer a la gente a través de la televisión para que se ponga la vacuna… Están muriendo en nuestras manos, están muriendo cómo moscas!”


James, quién no está en contra de las vacunas, después de todo lo que ha visto se asombra de que el geriatrico se esté preparando para la fase 2; es decir, ¡un segundo chute!


Pero, para James, lo peor de todo es el silencio que ve entre los profesionales: “Hay cientos de auxiliares de enfermería que están pensando exactamente lo que estoy hablando ahora mismo. Lo saben, pero no quieren hablar… ¿cuántas vidas van a perderse antes de que empecemos a hablar?”


Amigos, no nos callemos. Es hora de empezar a hablar.


Abre tu boca por el mudo

En el juicio de todos los desvalidos.


—Proverbios 31:8