El Transvaticano

16 Jun 2016

 

No me complace criticar a las personas; sin embargo este es uno de los casos en los que he considerado oportuno e indispensable hacerlo. Soy consciente de que éste es un tema delicado y pude provocar contienda; no obstante deseo que estas criticas puedan arrojar algo de luz a un asunto tan polémico como éste.

 

 

Diego Neira Lajarraga y su prometida llegaban el 24 de enero de 2015 al vaticano con una misión muy importante: conocer al Papa. Sin embargo, este encuentro no era uno normal y corriente. Se trataba del primer encuentro (conocido) de un transexual con un Papa. A partir de entonces medios de comunicación han relatado el encuentro y la situación del señor (o señora) Lajarraga; quién además ha escrito un libro titulado “El despiste de Dios” donde explica su agitado periplo desde su “conversión”.

 

A sus 40 años, después de vivir “en un cuerpo que sentía como una prisión 

y que no correspondía en absoluto con lo que sentía mi alma”, Diego decidió emprender el cambio de sexo. Un vez realizado el cambio Diego sintió la necesidad de reconciliarse con la Iglesia (católica). Según Diego antes de la visita con el Papa él ya había tenido conversaciones con el obispo de su diócesis, con quien encontró “la tranquilidad que buscaba, la paz y el respeto absoluto”. Sin embargo, eso no le fue suficiente, necesitaba más, necesitaba “contactar con el Santo Padre”.

 

“Dios ama a todos sus hijos, quien quiera que sea; tu eres hijo de Dios, que te acepta tal y como eres. Por supuesto que eres un hijo de la Iglesia” –replicó el Papa en una conversación telefónica con Diego–.

 

Antes de proseguir debería hacer una pausa y comentar varias cosas que se han dicho. Lo primeo que llama la atención es el hecho de que Diego fuera a encontrar la tranquilidad y la paz en un obispo y más tarde en el Papa. Yo siempre había creído que eso se encontraba en Dios (a través del poder salvador del mesías, Jesús), pero quizá se me ha escapado algún detalle. Por otro lado las palabras del Papa a Diego son chocantes —aunque quizá no tan sorprendentes—. Ya sea deliberadamente o no el Papa ignora lo que es ser un “hijo de Dios”. Para ser más explicito leamos lo que dice en 1 Juan 3:10:

 

Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo. El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. [...] Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.

 

De aquí podemos desprender varias cosa. Uno, que no todas las personas (ni todos los católicos) son hijos de Dios. Es más, algunos son llamados “hijos del diablo”. Dos, que la persona que vive en pecado no puede ser hijo de Dios. No que un hijo de Dios no peque, sino que un vida pecaminosa manifiesta que alguien no es hijo de Dios. ¿Ignoraba esto el Papa o quizá no ve la transexualidad como un pecado? Sin embargo la Biblia claramente nos dice que la transexualidad —ésta siendo una forma de homosexualidad— es pecado (Lev 18:22; 1 Tim 1:10) y una manifestación clara de perdición (1 Cr. 6:9-11,18) . Además hay que recalcar que Dios no acepta el pecado, por tanto no puede aceptar a Diego “tal y como es”. Dios quiere que cambiemos, y por eso tiene paciencia, pero no va a aceptar nunca el pecado, porque eso iria en contra de su santidad. Las palabras del Papa Francisco son serias. Primero, porque van en contra de la palabra de Dios, y segundo porque tal aceptación aleja a la persona (en este caso Diego) de un arrepentimiento real y por tanto de la opción se poder ser realmente hijo de Dios.

 

Prosigue Diejo en la entrevista: “El problema real y más duro está en esa parte de la sociedad que se niega a entender, a respetar y que se autoproclama «juez» de vidas ajenas que aun sin conocer, condenan porque sí. De ahí llegan los insultos, las agresiones verbales o físicas (gracias a Dios nunca sufrí estas últimas), los chascarrillos y los cotilleos sin sentido, los bulos… Es una cuestión de educación y cultura: quien carece de esto, carece de buenos sentimientos.”

 

Bien, a mi lo que me gustaría saber es porque Diego acusa a alguien que no piensa como él de ser un “juez” mientras que él mismo juzga a alguien que lo juzga. ¿No está haciendo Diego de juez cuando juzga a alguien que no piensa como él? O, ¿es que el tiene potestad para juzgar y otros no? Lo cierto es que vivimos en un mundo regido por códigos y morales que requieren ciertos juicios morales. (1) Sin embargo, Diego cree que el resultado de estos “juicios” son los “insultos, las agresiones verbales o físicas...” Esto es obviamente una exageración. El hacer un juicio sobre un tema no tiene porque llevar a insultos o agresiones. Además me gustaría recordar (o sacar a la luz) que también existe una persecución (con insultos y agresiones incluidas) por parte de la comunidad gay hacia la comunidad cristiana. ¿Por qué nadie hace nada al respecto? Ahora bien, no digo esto para quejarme o para ejercer mis derechos—porque al fin y al cabo sé que esto no puede no pasar en una sociedad polarizada—, pero a veces es necesario enseñar la otra cara de la realidad. Sin embargo hay cierta gente que cree que la realidad no importa, porque al fin y al cabo “es una cuestión de educación y cultura: quien carece de esto, carece de buenos sentimientos.” Es decir, la verdad, la realidad, los buenos argumentos, no importan. Lo que importa son los sentimientos. Educa a la gente a tener “buenos” sentimientos y todo se solucionara.

 

Sobre el hecho de que hay un 60% de transexuales que sufren depresión Diego comenta que “los transexuales generamos un odio en algunos sectores que es inexplicable”. De alguna manera Diego vincula la depresión de los transexuales con el odio generado por algunos sectores. Lo cierto es que hay mucha gente que sufre depresión (que no son trans.) y no por eso se dice que sea consequencia del odio generado por otros. De hecho, se podría decir lo contrario, por que es el odio interno (el rechazo a perdonar) que causa depresión. Una cosa coincido con Diego: sorpende que el numero “no sea más elevado”. Sí, llevar una doble vida o negar una identidad no debe ser nada fácil.

 

"Todo pasa por la educación, familiar y escolar. Es fundamental enseñar a los «peques» desde muy temprano que la convivencia entre seres humanos es posible sin «peros», sin distinciones"—prosigue Diego—.

 

Que trágicas conclusiones: llevar a cauterizar las mentes de los niños. Enseñarles que la convivencia no se da por el simple amor; si no que se da por rechazar cualquier “pero”, cualquier idea ajena, cualquier verdad. Es decir, la convivencia solo se dará cuando todos pensemos como él. ¿Existe mejor sistema totalitario?

 

En cuanto a su opinión sobre Dios dice lo siguiente:

 

"Creí durante demasiado tiempo en un Dios al que, más que creer, temía. Toda aquella férrea educación del infierno, los pecados por todo, las condenas eternas… no, yo quiero un Dios sin fanatismos ridículos inventados por el hombre, en el que pueda confiar y apoyarme. Esto no quiere decir en ningún caso que mi Dios sea un libertino que permite todo, no. Solo sé que es un Dios mucho más tolerante que el que me presentaban."

 

 

Es decir lo que Diego dice va a misa. Diego quiere un Dios a medida, donde él tenga libertad para decidir que es bueno y que es malo. Pero lo más sorprendente es que Diego no cree que “Dios sea un libertino que permite todo.” Un momento Diego. Veamos, ¿la homosexualidad no es libertina pero hay otras cosas que sí? Mi pregunta es: ¿qué cosas son libertinas y qué no? ¿Es la pedofilia libertina? ¿Y el incesto? ¿Qué es y quién decide que es libertino? En definitiva, que Diego escoge que es Dios, que es libertino, que es tolerante, que es el infierno... ¿No se estará haciendo Diego un dios?

 

Por otro lado, como se justifican las siguientes palabras:

 

Ser transexual, gay, lesbiana, gordito, negro, pelirrojo o zurdo no es incompatible con ser católico.

 

Bueno, supongo que como uno es capaz de interpretar lo que es libertino o no, también uno puede sentirse en total libertad de definir la homosexualidad como una simple condición física. Qué más da, porque según Diego "Dios se «despistó» un poco y lo que trato de decirle es que su «despiste» está más que solucionado."

 

 

Conclusión 

 

No nos engañemos señores (señoras?), porque Dios no puede ser burlado. La solución a la homosexualidad no es cambiar a la sociedad, las leyes y la verdad. La solución está en el arrepentimiento. Una solución que no lleva sola al cambio, sino también a la salvación.

 

 

 

 

(1) Debo explicar aquí que la palabra “juicio” puede tener dos sentidos. Uno es el del juicio moral que toda persona está obligada a hacer. Estos juicios los hacemos cada día: es lo que nos hace personas. El segundo significado es el juicio de condenación; como la potestad de un juez para poner a alguien en la prisión. En este segundo caso es Dios quien puede condenar al hombre, no el hombre al hombre. No obstante, una persona puede condenar a alguien indirectamente usando la Biblia ya que no es la persona en sí que condena sino la Palabra.

 

 

 

 

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